La chica mecánica

La sociedad futura imaginada por Paolo Bacigalupi para esta novela me pareció fascinante. Investigando un poco después de leerlo descubrí que pertenece a un subgénero llamado biopunk, por analogía con el cyberpunk, y tiene mucho sentido que sea así ya que al leerlo iba viendo muchas similitudes.

En los años 80, William Gibson, uno de los pioneros del cyberpunk, imaginaba en su novela Neuromante un futuro con grandes avances tecnológicos en los campos de la informática y electrónica, aunque la mayoría de la gente de ese futuro no se beneficiaba de esos avances sino que malvivían en una sociedad controlada por grandes corporaciones.

La idea de La chica mecánica, y del biopunk, es similar, pero en este caso los avances han ocurrido en el campo de la biotecnología. El autor describe un mundo futuro post-apocalíptico asolado por el cambio climático, con todas las reservas de petróleo agotadas. El transporte aéreo se realiza en dirigible, el marítimo por vela, las fábricas funcionan gracias a la fuerza de enormes animales modificados llamados megadontes y la energía se almacena en muelles comprimidos mecánicamente. Nuevas enfermedades y plagas provocadas por las modificaciones genéticas descontroladas afectan a los humanos y las cosechas. Las grandes corporaciones poseen patentes sobre los cultivos resistentes a las plagas, y la gente necesita recurrir a ellas si quiere sobrevivir, o confiar en que sus gobiernos desarrollen alguna alternativa.

Como ejemplo de alguna de las cosas que salieron mal está la extinción del gato, sustituido por una especie artificial superior evolutivamente: el cheshire. El primer ejemplar de cheshire fue creado por un ingeniero genético que lo dotó de las mismas características que el animal descrito en Alicia en el país de las maravillas. El problema fue que el ingeniero no lo hizo estéril y, con ventajas genéticas como el camuflaje, en cuanto se escapó y empezó a reproducirse era cuestión de tiempo que los de su especie se hicieran los amos.

Los ingenieros aprendieron de este error y tuvieron mucho cuidado de añadir el mecanismo de seguridad de la esterilidad a sus creaciones, incluidas aquellas surgidas de la modificación del genoma humano. El título del libro hace referencia precisamente a un ejemplar humano modificado, una mujer llamada Emiko, diseñada en Japón para ser algo así como la perfecta geisha.

El argumento es complejo, con multitud de personajes, y creo que no vale la pena explicarlo todo, pero no requiere tanto trabajo para seguirlo como ocurre con las novelas de Gibson. Además, todo lo que rodea a los personajes es tan bueno que te quedas con ganas de más.

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