Aurora

A Kim Stanley Robinson se le suele considerar un autor de ciencia ficción dura por el énfasis en la verosimilitud científica de sus novelas, pero en mi opinión va mucho más allá. La sensación de realismo que transmite no se limita al aspecto científico, sino también al social, político o económico, hasta el punto de que más que una novela de ciencia ficción uno tiene la sensación de estar leyendo una novela histórica. Puede que los personajes sean ficción, pero el mundo en el que viven se percibe tan real como el nuestro.

La protagonista de la novela es una nave generacional. La idea de los viajes interestelares como mecanismo de supervivencia de la humanidad no es nueva en la ciencia ficción y existen muchos ejemplos, incluso de otros autores duros como Arthur C. Clarke y su Cánticos de la lejana Tierra, pero con Aurora, Robinson ha conseguido escribir la que seguramente pase a ser novela de referencia en este tema.

La diferencia es que tradicionalmente estas historias siempre han transmitido una idea de inevitabilidad, como si alcanzar otras estrellas fuese únicamente cuestión de tiempo. Lo que Robinson nos recuerda con Aurora es que la humanidad necesita también un ecosistema en el que vivir, que ese ecosistema puede no ser posible de trasladar y que, por lo tanto, la viabilidad de una colonia humana fuera del sistema solar puede no estar justificada científicamente, lo cual es una vuelta de tuerca a toda la tradición de la ciencia ficción.

Hace poco me encontré con esta entrevista en la que Arthur C. Clarke y Robert Heinlein comentan la llegada del hombre a la Luna.

 

 

La ilusión de estas dos leyendas de la ciencia ficción es contagiosa, pero siendo realistas, han pasado ya 50 años y, salvo que Musk lo remedie, no parece que estemos más cerca de su sueño. Quizás no es posible para ninguna forma de vida, por muy inteligente que sea, vivir fuera de su hogar, y quizás esto sea una de las soluciones a la paradoja de Fermi, tal como sugiere uno de los personajes de Aurora:

Fermi’s paradox has its answer, which is this: by the time life gets smart enough to leave its planet, it’s too smart to want to go. Because it knows it won’t work. So it stays home. It enjoys its home. As why wouldn’t you? It doesn’t even bother to try to contact anyone else. Why would you? You’ll never hear back

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