Ready Player One

Los avances en microelectrónica en la década de los años 70 supusieron una revolución tecnológica. Gracias a los microprocesadores fue posible crear los primeros ordenadores personales, pero también muchos otros productos de electrónica de consumo relacionados más directamente con el ocio, como las videoconsolas o las máquinas recreativas.

En 1976 salió a la venta la Atari 2600, la consola que popularizó el diseño basado en microprocesador y cartuchos ROM para los juegos. En 1978 las salas de máquinas recreativas vieron llegar la mítica Space Invaders, basada en el mismo microprocesador (el Intel 8080) que que el primer ordenador personal, el Altair 8800. No solo estamos hablando de productos tecnológicamente revolucionarios, sino de productos que cambiaron la forma de entrenimiento de una generación.

De hecho, se podría decir que de la mano de estos dispositivos tuvo lugar también una revolución cultural además de tecnológica. Los videojuegos comenzaron como una forma de entretenimiento minoritaria asociada a los mismos nerds que jugaban a Dragones y Mazmorras y devoraban ciencia ficción, pero hoy han pasado a ser un producto de consumo de masas que compite directamente con Hollywood.

Este libro es un homenaje a esos nerds y a sus aficiones.  A mi me pilló un poco pequeño, pero aunque fuese con algo de retraso se puede decir que acabé convirtiéndome en uno de ellos. Por eso disfruté tanto leyéndolo, igual que en esas reuniones de amigos alrededor de unas cervezas en las que no paran de surgir recuerdos.

Pero incluso para los lectores que no hubieran vivido de cerca esa revolución, por la edad o por cualquier razón, esta novela es toda una lección de cultura disfrazada de aventuras. Sin aquellas semillas hoy no tendríamos Microsoft, Apple, Google o Facebook. Y no solo las grandes empresas, sino también proyectos como Linux o la Wikipedia. De hecho la novela contiene un aviso sobre el peligro de que los intereses comerciales acaben destruyendo el potencial que una red verdaderamente libre tendría para el progreso de la humanidad.

La alternativa podría ser un futuro distópico como el descrito en el disco 2112 de Rush, una de mis bandas favoritas, que, no por casualidad, aparece mencionada en la novela.

 

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