Cántico por Leibowitz

Esta es otra novela de las que siempren aparecen en las listas de grandes clásicos. A mi me decepcionó un poco, quizás porque el contexto de la guerra fría y el miedo a la guerra nuclear ya queda un poco lejos, pero sobre todo porque el personaje del mendigo nunca llega a desarrollarse del todo y te deja con las ganas. Se nota que el autor sabe de lo que habla y su dominio de las tradiciones y costumbres de los monasterios es exhaustiva, aunque las parrafadas en latín se hacen un poco farragosas. Por último, la sensación que me transmitió toda la novela fue bastante triste y pesimista.

Las tres partes en las que se divide la novela giran en torno a una abadía de la orden albertiana de Leibowitz, siglos después de que la civilización quedase arrasada por una guerra nuclear y de que los supervivientes destruyesen los restos de los conocimientos científicos, creyendo que así evitarían que el desastre volviese a ocurrir. La orden fue fundada por el beato Leibowitz, un ingeniero que después de la guerra se dedicó a ocultar y proteger estos restos de conocimientos de los que querían destruirlos, con la esperanza de que la humanidad sabría usarlos mejor en el futuro.

En la primera parte, titulada Fiat homo, un novicio de la abadía se encuentra con un mendigo durante su estancia de ayuno en el desierto. El mendigo, antes de irse, señala un lugar para que el novicio pueda protegerse durante la noche, que resulta ser la entrada a un viejo refugio nuclear. Allí se encuentran documentos de antes de la catástrofe, o memorabilia, como los llaman los monjes, muy valiosos para su orden, aunque después de tantos años ya sean incapaces de saber lo que significan. En los documentos hay indicios de que su autor podría ser el mismo Leibowitz y este descubrimiento podría retrasar su canonización, con lo que el abad se enfada muchísimo con el novicio. Por si fuera poco empieza a correr el rumor en la abadía de que el mendigo del que se encontró el novicio era en realidad Leibowitz, y, aunque el novicio nunca dijo tal cosa, eso empeora las cosas todavía más con el abad. La historia termina de una forma amarga y triste, cuando, años después y ya como hermano de la orden, el antiguo novicio acude a la ceremonia de canonización de Leibowitz con una copia que le llevó años realizar de uno de los documentos encontrados y, en el camino, es asaltado por unos ladrones.

La segunda parte se titula Fiat lux, y transcurre siglos después de la primera. La humanidad está empezando a renacer y a descubrir de nuevo los conocimientos perdidos tras la guerra. Thon Thadeo, un científico seglar, acude a la abadía atraído por su memorabilia. Allí, el hermano Kornhoer ha conseguido un generador eléctrico funcional. Mientras tanto comienzan a aparecer de nuevo tensiones políticas en la zona.

En la tercera parte, Fiat voluntas tua, la humanidad ha conseguido alcanzar e incluso superar el grado de desarrollo previo a la catástrofe nuclear, pero se encuentra al borde de repetir el mismo error. Las dos grandes potencias han vuelto a usar armamento nuclear, aunque no a gran escala. La abadía sirve de refugio a los afectados por el ataque, muchos de ellos moribundos. El abad y uno de los médicos responsables del campamento de emergencia discuten acerca de la aplicación de la eutanasia. Finalmente las naciones no llegan a un acuerdo y de nuevo ocurre lo peor, pero un pequeño grupo de hermanos ha tenido tiempo de organizar una misión espacial para perpetuar la orden y conservar el conocimiento humano. Justo antes de morir, el último abad presencia un milagro.

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Una respuesta a Cántico por Leibowitz

  1. Emilio dijo:

    Disculpa Manu que te ponga este comentario aquí, pero es que llevo con ganas de decírtelo desde hace un tiempo y hoy me he decidido a hacerlo. No entiendo por qué no escribes más entradas sobre un tema que sé que conoces bien y que está necesitado de perspectivas diferentes y abiertas como la tuya. El tema es como te habrás supuesto seguramente todo lo relacionado con la igualdad y no discriminación por razón de sexo. Te escribo esto a sabiendas de que en más de una ocasión no has coincidido con el planteamiento de mi bitácora, y lo hago porque entiendo que la pluralidad de perspectivas y posiciones puede ayudar a enriquecer un tema que está necesitado de muchas aportaciones.

    Un saludo

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