The town. Ciudad de ladrones

Ben Affleck ha contribuido a realizar alguno de los mayores bodrios de la historia del cine. Sin embargo, esta película (en la que participa como actor protagonista y como director) le ha salido más que aceptable. Quizás haya esperanza, pero, como al protagonista de la historia, aunque se porte bien a partir de ahora, eso no quiere decir que no tenga que pagar por sus crímenes.

Affleck interpreta a Doug MacRay, el líder de una banda de atracadores del barrio de Charlestown, en Boston, famoso por la abundancia de este tipo de bandas. Igual que en otras películas como Infiltrados, o incluso El indomable Will Hunting, en la que también participaba Affleck, aquí se nos vuelve a presentar el lado marginal de una ciudad que normalmente todo el mundo por aquí asocia con el elitismo de sus universidades, con Cheers y con los celtics, pero no con la probreza y el crimen.

Affleck y sus colegas atracan un banco y toman a la directora como rehen para poder escapar. Después de liberarla se dan cuenta de que la chica vive en su mismo barrio y temen que les pueda identificar, a pesar de que en el atraco llevaban las caras tapadas. Uno de los miembros se ofrece a vigilarla, pero Doug, que teme que su compañero se exceda, decide hacerlo en su lugar.

Accidentalmente Doug y la chica entablan conversación durante la vigilancia, una cosa lleva a la otra y acaban enamorandose. Ahora los problemas se le acumulan a Doug. Primero debe evitar que ella le descubra. También debe evitar que su compañero de banda (que a pesar de ser como un hermano para él es cada vez más violento) le haga algo a ella. Además, el FBI le pisa los talones (en su último golpe casi les pillan, aunque consiguen escapar en una persecución digna de Jason Bourne) y no pueden dejar los atracos porque el mafioso para el que dan los golpes les amenaza con matarlos.

Doug y su banda deben dar al menos un golpe más, pese a que están ya muy quemados (el mismo concepto de Heat, es decir, que los policías les siguen muy de cerca). El objetivo es nada menos que la recaudación del estadio de los Red Sox, y es muy probable que no salgan con vida, a no ser que lo planeen muy bien y que tengan algo de suerte.

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