Ciudadano de la galaxia

Otra de las novelas juveniles de Heinlein, en esta ocasión centrada en una de las costumbres más odiosas de la humanidad: la esclavitud.

Después de leer otras de sus novelas ya me había quedado claro lo que opinaba Heinlein de que una persona pueda ser dueña de otra, pero en esta constituye el centro del argumento.

Todo empieza cuando Thorby, un niño esclavo, es vendido en el mercado de un lejano planeta. Un planeta cuya primitiva civilización, una mezcla entre el medievo y el imperio Romano, todavía permite la esclavitud.

Pero Thorby tiene la extraña suerte de que quien le compra no es ningún noble, ni comerciante, ni artesano. Tan solo un medigo cojo llamado Baslim el tullido, a quien los otros compradores ayudan como divertimento.

Baslim resulta ser el padre que Thorby necesitaba. Pese a ejercer de mendigo vive dignamente, y provee a Thorby de alimentos, educación y amor. Hasta que es capaz de valerse por sí mismo y le convierte en liberto.

Thorby se da cuenta de que su padre oculta algo, pero no sabe lo que es hasta que un día desaparece y se ve obligado a poner en práctica lo que le enseñó. Al darse cuenta de que había sido capturado por traidor, embarca en una de las naves de comerciantes que periodicamente visitan el planeta, como su padre le había ordenado.

Tras reproducir un mensaje que Baslim le había hecho memorizar, Thorby es acogido por los tripulantes de la nave como un miembro más de su familia. Como es típico de Heinlein, la organización de la familia no es nada tradicional. Se trata de un complejo clan matriarcal que finalmente acaba aceptandole a pesar de ser un extraño.

Sin embargo, en las instrucciones de Baslim había una tarea pendiente. Thorby debía ser entregado a la primera nave de la Hegemonía que encontrasen, y al final acaba ocurriendo. En la nave terrestre descubre que su padre Baslim era en realidad un espía al servicio de la Hegemonía, encargado de recopilar información para acabar con el comercio de esclavos. Además, consiguen rastrear las huellas de Thorby hasta que descubren que su verdadero nombre es Thor Rudbek, heredero del imperio Rudbek y su fortuna, en la Tierra.

…quizás el propio Baslim intuyese esto al verle en la subasta de esclavos y por eso pujó por él.

Así que Thorby es llevado a la Tierra, junto a su familia, a pesar de su interés por continuar el servicio a bordo de la nave y seguir los pasos de Baslim. Allí descubre que existe un oscuro entramado que relaciona sus negocios con la trata de esclavos, que tratan de ocultarle con todo tipo de artimañas legales que le impidan hacerse cargo de las empresas de su familia, pese a tener derecho a ello.

Con ayuda de un abogado, Thorby consigue hacerse cargo de sus negocios y, finalmente, abandona su deseo de servir en la guardia hegemónica para luchar contra la esclavitud usando el poder de sus empresas.

Me esperaba que la historia continuase, la verdad. Sin conocer como Thorby acaba con los esclavistas la novela queda un poco coja, pero pese a todo creo que vale la pena leerla. Como todas las novelas juveniles de Heinlein que he leído hasta ahora, en realidad tiene suficiente que ofrecer para cualquier adulto.

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