Los años oscuros

Manel Loureiro continúa en esta novela la historia que comenzó en Apocalipsis Z, y que terminaba con los protagonistas camino de las islas canarias en un desesperado intento de ponerse a salvo de los zombies, que habían infestado ya toda la península.

No soy yo muy de historias de zombies, pero Loureiro me enganchó con su primera novela gracias a que hablaba de personajes españoles zombies españoles que se encontraban en lugares muy cercanos para mí, en particular, Pontevedra y Vigo. Por poner un ejemplo, la imagen de alguien escapando de los zombies a través de la ría de Pontevedra me pareció impagable.

La habilidad de Loureiro para mostrar la idiosincrasia española, incluso en una situación de apocalípsis, es sorprendente. Además, parece que comparte la tesis de Arturo Pérez Reverte de que la guerra civil está marcada a fuego en nuestros genes pues en un giro genial de la historia descubrimos que lo que se encuentran los protagonistas al llegar a la islas canarias es… la tercera república 😀

La explicación es sencilla. Después de que los miembros de la familia real en la línea sucesoria (el Rey, el príncipe, la infanta Elena, etc) hayan ido cayendo víctimas de los zombies o los accidentes, el turno le llega al adorable Froilán. Como el pobre chaval a esa edad no puede ser más que un títere, una parte de la cadena de mando militar se separa y lo que surge es una nueva república, por un lado, y un reino de España en el que Froilán es Rey, por el otro. Ambas partes se odian a muerte, como no podía ser de otra forma, y ni siquiera la amenaza zombi y la escasez de recursos que ya empiezan a sufrir en las islas es suficiente para olvidar las diferencias entre las dos partes.

Los protagonistas caen en el lado de la república, en Tenerife (los partidarios de Froilán, conocidos por los republicanos como “froilos” ocupan Gran Canaria, mientras que Lanzarote está infestada de zombies) El hecho de que sean los únicos con experiencia en la lucha directa con los zombies, por no hablar de la capacidad de uno de los supervivientes, Viktor “Prit” Pritchenko, para pilotar helicópteros, les convierte en personas especialmente valiosas, así que después de pasar una cuarentena son reclutados para la misión de recuperar medicamentos de uno de los últimos puntos seguros que cayeron en Madrid.

Los protagonistas ven clarisimamente que en ese viaje se masca la tragedia, pero no tienen otra alternativa. Además, por si no fuese suficiente con los zombies, tendrán que lidiar también con los espias froilos que intentan sabotear la misión y quedarse con los medicamentos. Otro puntazo de la historia es el momento en que la expedición se encuentra un bunker en el que se refugiaron los políticos y dirigentes del ayuntamiento y la comunidad. Lo que se encuentan son sus cadáveres momificados, todos con una copita de veneno que tomaron cuando vieron que no tenían escapatoria… incluido uno de los cuerpos, de una mujer, rubia, que aunque Loureiro no llega a decirlo, no puede ser otra que Esperanza Aguirre.

Mientras el prota (del que no conocemos el nombre) y Prit buscan los medicamentos en Madrid, Lucía, la protagonista femenina, la lía en Tenerife. De forma involuntaria, cuando intentaba escapar de un guardia corrupto que ya había herido gravemente a su compañera, acaba liberandose una persona infectada que amenaza con propagar la plaga también en la isla.

Y de nuevo, la historia termina con un final abierto. ¿Habrá tercer libro?

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