Invictus

Ya tardaba en aparecer alguna película sobre Nelson Mandela. Y estaba cantado que cuando la hicieran el actor que le iba a interpretar sería Morgan Freeman 🙂

Si además la peli la hace Eastwood, también estaba cantado que iba a ser buena. El problema que le veo es que, pese a ser una buena película, resulta difícil hacerse una idea de verdad de la situación que describe, y tampoco ayuda el que el rugby no sea un deporte muy conocido por aquí. Ambas historias se diluyen un poco pero, de todas formas, un ligero atisbo de lo que debía ser el apartheid es suficiente para poner los pelos de punta a cualquiera.

Está basada en hechos reales, y cuenta la historia de cómo Mandela tuvo la enorme grandeza de buscar la conciliación entre ambas partes cuando fue elegido presidente, en vez de pagar con la misma moneda a quienes le tuvieron preso tantos años, como muchos esperaban.

La selección sudafricana de rugby, los Springbox, son la herramienta perfecta para que Mandela consiga unir a ambos bandos. Tradicionalmente los negros les despreciaban por ser uno de los símbolos más preciados de los blancos pero, gracias a la ayuda del capitán del equipo, consigue que todo el país les apoye como uno solo cuando llegan a la final de la copa del mundo y se enfrentan a la temible selección de Nueva Zelanda, los All Blacks, en la que participa el mejor jugador de la historia: Jonah Lomu.

Los terribles años que Mandela pasó en la cárcel y un poema que le sirvió para sobrellevar el día a día sirven de inspiración al equipo y finalmente consiguen la victoria que todo el país desea, simbolizando el espíritu de la nueva Sudáfrica.

El poema es este:

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me econtrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.

William Ernest Henley

Si esto no te motiva… es que estás muerto por dentro.

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