Cita con Rama

Tengo todavía un montón de entradas pendientes de libros y películas del año pasado, así que más vale que me ponga manos a la obra…

Después de tener abandonado a Clarke desde hace tiempo decidí retomarlo con alguno de sus éxitos. Tras buscar un poco acabé por elegir este título que aparecía sistemáticamente en las listas de sus mejores libros: Cita con Rama.

Y qué maravilla. No me extraña que a Clarke se le haya considerado uno de los tres grandes de este género, junto con Heinlein y Asimov.

En esta novela, Rama, aparte de un Dios hindú, es el nombre que los científicos dan a un asteroide que se acerca peligrosamente a la Tierra. Simplemente, después de agotar  los dioses y héroes clásicos dando nombres a otros planetas y asteroides, los astrónomos pensaron que la religión hindú era una buena opción para encontrar más nombres.

Pero Rama no es un asteroide cualquiera. Cuando se acerca un poco más a la Tierra se descubre que en realidad es un cilindro enorme, metálico y perfectamente regular, de decenas de kilómetros de largo y varios kilometros de radio, que gira en torno a su eje justamente con la velocidad necesaria para que en el interior de su superficie curva exista una fuerza centrífuga equivalente a la gravedad terrestre, o sea, 1 G.

Interesante cifra… ¿no?

En vista de estas extrañas características la humanidad decide enviar una expedición que recopile el máximo de información sobre el extraño objeto, antes de que este continúe su trayectoria hasta salir del sistema solar, más allá del alcance humano. Es un acontecimiento histórico, pues todo indica que se trata de algún tipo de nave alienígena, de origen desconocido, y puede que hasta esté tripulada…

La descripción del encuentro de la expedición con Rama es espectacular. El trabajo de Clarke, como suele pasar en este género, es complicado, porque el lector no tiene ninguna referencia conocida a la que agarrarse. Todo debe hacerse describiendo los detalles de forma minuciosa, pero sin pasarse. Además, los principios físicos derivados de la velocidad angular, como el efecto Coriolis o la fuerza centrífuga, son esenciales para entender lo que ven los exploradores. Un ejemplo clarísimo de ciencia ficcion hard.

Los exploradores consiguen encontrar la puerta de entrada a Rama, y lo que descubren allí es extraordinario. Un auténtico mundo en miniatura,  una nave gigantesca dotada de un ecosistema completo, que me recordó inmediatamente al Mundo Anillo de Larry Niven (otro clásico muy recomendable, por cierto).

Aunque al principio todo el interior está completamente oscuro, enseguida se encienden varios canales luminosos que llenan de luz el interior. Rama contiene una atmósfera respirable y en una primera observación los exploradores se encuentran con que el interior del lado curvo es una superficie regular, salpicada por unas extrañas aglomeraciones de torres y construcciones parecidas a edificios… y lo más asombroso: un océano sostenido únicamente por la fuerza centrífuga, como un gigantesco anillo de hielo justo en el medio del cilindro, igual que la vitola de un cigarro.

En el eje del cilindro no hay gravedad, la presión del aire es baja,y no es posible tener una noción de lo que  está arriba o abajo. Sin embargo, en la superficie las condiciones son muy parecidas a las terrestres. Además,  a medida que Rama se acerca al Sol, el océano congelado se derrite y se forman nubes, con lo que estar de pie en el interior de la superficie curva del cilindro no es muy distinto de estar en la Tierra, incluyendo el viento. Sin las nubes, en lugar de cielo simplemente se vería una superficie idéntica al suelo.

La presencia del océano hace imposible explorar el otro lado del cilindro, donde se encuentran tres conos que rodean a otro cono gigantesco, todos orientados a lo largo del eje, y también queda fuera de su alcance una de las aglomeraciones de edificios situada en medio del océano. Afortunadamente, uno de los exploradores consigue desplegar una especie de bicicleta voladora, muy ligera, con la que alcanza la otra orilla, pero justo en ese momento los conos comienzan a mostrar actividad eléctrica y se ve obligado a retirarse, con lo que deducen que los conos forman parte del medio de propulsión de Rama.

En cuanto a la presencia de vida, los exploradores descubren que Rama está aparentemente deshabitado, salvo por unos extraños robots biológicos no inteligentes que se ocupan del mantenimiento y el arreglo de desperfectos, y que realizan sus tareas sin inmutarse ante la presencia de humanos. Los exploradores les llaman biots, y después de estudiar su anatomía deducen que los Ramanos (así llaman a los creadores de Rama) tienen un especial interés por el número tres, lo cual es importante porque es la excusa utilizada para las tres secuelas que Clarke escribió junto con Gentry Lee.

Mientras los exploradores hacen su trabajo, los habitantes de la Tierra y de Mercurio empiezan a ponerse nerviosos. Estos últimos deciden no esperar al veredicto sobre la peligrosidad de Rama y le lanzan un misilazo como medida preventiva. Sin embargo y, como es lógico, un misil no es nada para un objeto de tecnología tan avanzada, así que los exploradores se salvan y abandonan Rama justo antes de que este varie su rumbo y abandone el sistema solar en dirección a un destino desconocido.

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Una respuesta a Cita con Rama

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