Ángeles y demonios

Por lo que he visto en el último par de años creo que debo ser de los pocos viajeros en metro que no han leido todavía ninguna novela de Dan Brown. Pero aquí está el cine para acudir al rescate: primero con El código DaVinci y, ahora, con Ángeles y demonios.

Las historias tienen muchas cosas en común. El profesor Robert Langdom, experto en encotrar pistas ocultas hasta en los chococrispis, se ve envuelto otra vez en un lío entre la iglesia católica y un oscuro grupo clandestino, en este caso los Illuminati. Dan Brown aprovecha otra vez para dar caña a la iglesia católica y obliga al espectador creyente a plantearse si no debería ser un poco más crítico con los líderes de su religión y sus tradiciones.

Los Illuminati son una sociedad de científicos y personas cultas que querían que la iglesia se abriese y aceptase sus nuevos descubrimientos. Entre sus miembros estaba por ejemplo Galileo, pero ya sabemos cómo reaccionaron los líderes religiosos ante ellos.

Siglos después, aprovechando el vacio de poder producido por la muerte del papa, y como venganza por la represión sufrida a lo largo de la historia, unos supuestos sucesores de los Illuminati secuestran y amenazan con asesinar a los cardenales candidatos a convertirse en el nuevo pontífice.  También planean eliminar el Vaticano del mapa haciendo explotar una muestra de antimateria robada del LHC, y el encargado de que eso no suceda será, de nuevo, el profesor Langdom, y la científica Vittoria Vetra. Ellos dos, el elector del cónclave, el camarlengo, la Guardia Suiza y la policía del Vaticano deberán ponerse de acuerdo para detener el peligro. Tarea difícil, cuando detrás de las buenas intenciones está una lucha encarnizada por el poder de la iglesia, y al final nadie es lo que parece.

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7 respuestas a Ángeles y demonios

  1. barbaravb dijo:

    ¿Pero te han gustado? Porque a mí las pelis me han parecido bastante flojas (de los libros mejor ni hablar).

  2. Manu dijo:

    Jeje, tanto rollo y al final no digo si me gustó o no… Digamos que me pareció entretenida, si pasamos por alto los detalles un poco más irritantes, como lo de crear antimateria o cómo Langdon se saca las pistas de la manga. En general lo que más me gusta de estas historias es que seguro que hace replantearse a mucha gente lo que creía saber sobre la iglesia. Aunque no sé si los datos de Brown son correctos historicamente, siempre está bien un poco de espíritu crítico.

    • barbaravb dijo:

      Pues a mí, en lo de la iglesia, me parece que se raja. Empieza muy fuerte y parece que va a hacer una auténtica crítica de la institución, y al final la cosa siempre queda en que es algún cura díscolo, pero el resto son santísimos varones.

      • Manu dijo:

        Pues a mi me parece que, aunque al final todo acabe igual, sí se hace llegar un mensaje de crítica bastante claro: hay muy poco de divino y mucho de humano en la iglesia.

        El resumen de lo que me parece que quiere expresar Brown está en la pregunta que le hace el camarlengo a Langdon, antes de dejarle entrar en los archivos del vaticano, cuando le pregunta si cree en Dios, y luego añade:

        “No le pregunto si cree en lo que los hombres dicen de Dios, sino si cree en Dios”

  3. barbaravb dijo:

    Lo que me pasa a mí con esa pregunta es que respondo “No”, y ya se acabó la discusión.

    • Manu dijo:

      Bueno, yo creo que lo habría hecho de forma más diplomática, como hizo Langdon. Sobre todo si quiero que me dejen entrar en los archivos 🙂

      El caso es que está bien recordar a los espectadores que las dos cosas no son lo mismo. Una idea bastante protestante.

      • barbaravb dijo:

        Lo que más me chincha de ésta peli (y del libro) es esa idea que parece vender de que los científicos son inteligentes, pero los hombres de fe son sabios. Es cierto que la inteligencia y la sabiduría son dos cosas distintas, pero el hecho de creer en algo que es IMPOSIBLE demostrar no me parece que sea una muestra de superioridad. Aparte de que una persona religiosa nunca jamás en la vida estará dispuesto a admitir la posibilidad de estar equivocado, mientras que un científico parte ya de esa premisa. Eso es verdadera sabiduría para mí.

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