Diarios de las estrellas

Este es otro caso de sensaciones contradictorias. Por una parte este libro se me ha atragantado y me ha resultado difícil de leer, pero por otra reconozco que algunas de las historias que cuenta me han gustado mucho. Si consideramos más importante lo que se cuenta que mis gustos particulares sobre cómo se cuenta, yo diría que es es un libro recomendable, pero mejor voy a ser más concreto sobre lo que no me ha gustado.

Hay varias razones por las que me ha costado leerlo. Por ejemplo, aunque a primera vista no me pareció muy grande, en realidad tiene casi 600 páginas, y se me hizo largo. Pero, sobre todo, me resultó difícil digerir el estilo con el que está escrito. Es pedante, con un vocabulario abrumador, desbordante de palabras que no había visto en mi vida, tanto inventadas como no, nombres en latín… etc. Pero no sé si esto es una característica de su autor o más bien está hecho a propósito, pues el libro es un diario en el que el protagonista, Ijon Tichy, narra sus viajes y algunas de sus aventuras y, por lo tanto, está escrito en primera persona. Como no he leído ninguna otra cosa de Lem, no puedo asegurar si es su estilo habitual o no.

Está dividido en dos partes: viajes y memorias. En la primera, se enumeran algunos de los viajes de Ijon Tichy y lo que le sucedió en ellos. Algunos son muy graciosos, como el primero, en el que su nave queda a la deriva en una zona de remolinos temporales, lo cual provoca que el Tichy del lunes se encuentre con el del martes, éste con el del lunes y miércoles… y así sucesivamente, sin que ninguno de ellos pueda conseguir la ayuda de los otros para reparar la nave. También me resultaron muy graciosos el de la visita al planeta de los robots que temían a los humanos (que estoy seguro sirvió de inspiración para los guionistas de Futurama, porque hay un episodio exactamente igual) y el que cuenta cómo Tichy acude como representante de la Tierra a la votación para su ingreso en la Organización de Planetas Unidos, en el que varias razas alienígenas se despachan a gusto con los primitivos humanos.

Con mucha ironía, Lem critica el fanatismo religioso y político, utilizando para ello a otras civilizaciones. Por ejemplo, Tichy se encuentra en un viaje con una sociedad en la que todas las personas intercambian sus papeles según el resultado de un sorteo diario, con lo que el concepto de individuo para ellos no tiene sentido y todos son intercambiables. También se encuentra el caso contrario, la sociedad que es capaz de permitir su sacrificio antes que renunciar a su interpretación de la libertad individual. En otro de los planetas que visita se encuentra con una comunidad de robots que posee la fe religiosa más perfecta, o con un misionario que le cuenta cómo un compañero suyo encontró la más horrible muerte a manos de unos alienígenas, que habían recibido sus enseñanzas y las habían entendido demasiado bien, pues renunciaron a su salvación para asesinar al misionero y que este pudiese morir como un mártir.

Una pregunta curiosa: ¿por qué la religión tiene tanto interés en lo que le ocurre al alma después de la muerte, y tan poco por lo que le ocurre al alma de una persona antes de nacer? Una de las religiones que propone Lem, se basa precisamente en la equivalencia de estas dos muertes.

Por último, en la segunda parte, Tichy narra sus encuentros con inquietantes personajes. Uno de los relatos es toda una precuela de Matrix, en la que un inventor crea unos cerebros electrónicos, cargados con consciencias que creen vivir en la realidad, ya que se simulan todos los estímulos sensoriales que recibirían en la vida real. En otro, un inventor es capaz de programar máquinas capaces de modificarse a sí mismas para que éstas  evolucionen libremente, lo que en la práctica significa crear organismos vivos, aunque artificiales. Otra persona le propone a Tichy invertir en una empresa que captura las almas de las personas, su conciencia, y las encierra para que se conserven eternamente sin posibilidad de ningún estimulo exterior Pese a que se puede interpretar que eso es precisamente lo que proponen algunas religiones como idea del paraíso, Tichy lo considera una terrible tortura y decide comprar el prototipo para destruirlo y que aquella alma deje de sufrir.

En fin, espero haber dado suficientes datos para que juzguéis vosotros si vale la pena o no…

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