For Us, The Living: A Comedy of Customs

En el 2003 se publicó esta novela inédita de Robert A. Heinlein, tras ser rescatada la única copia existente del original de entre los trastos de un garaje.

Fue su primera novela, escrita en 1938, y la verdad es que se nota. Tiene detalles como un resumen de la vida de la protagonista en una nota a pie de página que ocupa… varias páginas; y también una cantidad increíble de páginas dedicadas a explicar, con ejemplos incluidos, no un personaje ni una historia, sino una teoría económica. Supongo que la novela fue rechazada por estos detalles tan poco comerciales y también por describir una sociedad futura que en aquel año hubiera supuesto un choque demasiado grande como para que la novela hubiera tenido éxito.

En realidad la historia en sí es muy sencilla. El protagonista, Perry Nelson, sufre un accidente de tráfico en 1938 y se despierta inmediatamente después, perdido en una montaña en el año 2086, donde es rescatado por una mujer, Diana.

Tras una vaga explicación de cómo ha sido posible ese viaje (que básicamente es equivalente a magia) el interés se centra en la puesta al día del protagonista sobre todos los cambios que ha habido en la sociedad. En el año 2086 los EEUU son una sociedad utópica, donde no existe la pobreza y apenas hay crímenes; la tecnología está muy desarrollada (incluyendo las carreteras rodantes, que Heinlein también menciona en su Historia del futuro) y las costumbres sociales han sufrido cambios muy profundos respecto a lo que eran en 1938.

Su nueva compañera, Diana, es una bailarina de gran éxito que le acoge en su casa y le explica todo lo que puede, con la ayuda de holovideos que consigue a través de un mecanismo de transporte por tubos. Incluso se toma la molestia de invitar a expertos que puedan explicarle a Perry todos los detalles que los holovídeos no le proporcionan. Le explican, por ejemplo, que en 2086 existe un código de costumbres que todas las personas deben cumplir, al que la sociedad ha llegado después de distintas vicisitudes a lo largo de su historia. La puntilla para las antiguas normas la puso un fanático religioso que estuvo a punto de echar abajo la libertad que tanto había costado conseguir en los EEUU y, para evitar que esto volviese a pasar, se reescribió la Constitución. La nueva versión protege la libertad individual de forma inexpugnable y permite expresamente que cualquier persona sea libre de hacer lo que quiera, siempre que eso no suponga ningún daño para otra persona.

¿El resultado? pues, por ejemplo, que conceptos como el matrimonio o la decencia dejan de tener sentido. En 2086 la gente es libre de ir desnuda por la calle si le apetece y muchos lo hacen, incluída Diana, que lo hace en su casa para asombro de Perry. Si alguien se quiere casar, basta con ponerse de acuerdo con la otra persona, sin necesidad de que nadie aparte de ellos lo apruebe.

Viejos conceptos como los celos no son permitidos en este nuevo código de costumbres por ser considerados dañinos. Las relaciones entre personas son completamente libres, y eso es lo que más complicado de aceptar le resulta a Perry. Cuando Diana y él se enamoran (¿alguien duda de que iba a pasar?) todo va de maravilla hasta que Diana invita a una antigua pareja y Perry se vuelve tan loco de celos que le agrede.

Después de esta agresión, intolerable según las nuevas costumbres, Perry es juzgado y condenado. Pero su pena consiste en ingresar en una especie de centro de rehabilitación donde se le curará de sus celos, el único resto de las antiguas costumbres que se resiste a abandonar. Los doctores del centro se limitan a darle libertad y ayudarle para que sea él mismo el que se de cuenta de su error. Poco a poco, y con la ayuda de una doctora a la que Perry comienza a apreciar especialmente, es capaz de aceptar la idea del amor libre y no exclusivo. Además, descubre una nueva motivación para integrarse definitivamente en este nuevo mundo cuando descubre la incipiente tecnología espacial, que le fascina.

Y esta es la historia a grandes rasgos, pero el principal esfuerzo del autor en esta novela consiste en la explicación del sistema económico que rige en el año 2086. Durante páginas y más páginas se explican con todo lujo de detalles, datos y ejemplos, los problemas del sistema económico de 1938, y cómo esos problemas fueron resueltos con la implantación del sistema que hoy conocemos como crédito social . Parece que todo lo demás que se cuenta en el libro no fuese más que una excusa para explicar este sistema, que merece una entrada aparte.

Por resumirlo, en este sistema todos los habitantes reciben, además de su salario, una asignación de dinero, tanto si trabajan como si no. Esto permite que haya mucha gente que se dedique al arte, como Diana,  a la vida contemplativa o a las tareas que realmente les gustan, lo cual les hace muy productivos.

Y diréis… ¿cómo es posible que la gente reciba dinero sin tener que trabajar? ¿es que se crea el dinero de la nada?

Pues la respuesta es que sí. Y lo sorprendente es que eso no es nada nuevo, porque así es exactamente como se creaba el dinero en 1938 y como se crea todavía hoy en día. La diferencia es que hoy son los bancos los que crean el dinero de la nada cada vez que dan un préstamo (y cobran intereses por ello) mientras que en la sociedad que describe Heinlein es directamente el Estado quien lo hace. El Estado crea y reparte sólo el dinero que sea necesario para consumir todo los bienes y servicios que se produzcan,  y lo hace sin cobrar intereses.

Ahí queda eso.

Editado: Pese a ser algo prácticamente inexistente, los celos en sí no están prohibidos. Tal como yo lo entiendo, lo que no permite el código de costumbres es que esos celos dañen o limiten la libertad de otra persona.

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19 respuestas a For Us, The Living: A Comedy of Customs

  1. Plutarco dijo:

    La verdad que el libro que describes, que probablmente compre ya que has suscitado mi curiosidad, suena a distopía totalitaria disfrazada de colectivismo bienintencionado, propio de la época rooseveltiana en la que fue escrito. Lo de modelar los sentimientos de las personas suena a Educación para la Ciudadanía a lo bestia. ¿Quien crea la riqueza en esa sociedad?. ¿El Estado también?. ¿El Estado lo decide todo?. ¿Incluso decide el género de las personas, como lo hacen actualmente algunas de nuestras leyes (Ley de identidad de género?. Como contraposición, te recomiendo La rebelión del Atlas, de Ayn Rand, que describe los peligros del colectivismo benévolo de aquellos años del New Deal.
    Te agradezco la variedad de contenidos que incluyes en tu blog.

  2. Manu dijo:

    Jejeje, pues en realidad no es así, es curioso que haya dado esa sensación. Creo que me ha debido salir muy mal la explicación, pero me alegra que me permitas aclararla.

    Aunque resulte difícil de creer, la sociedad que describe Heinlein no es totalitaria. Existe total libertad y eso incluye, por supuesto, el libre mercado. La riqueza en la sociedad la crea únicamente la iniciativa privada. Lo único que está intervenido por el Estado es la creación de moneda.

    Adelantandome a la entrada que planeaba hacer dando más detalles de esa teoría, la clave es que la moneda, según la teoría del crédito social, es a la economía igual que un billete de tren es a una red ferroviaria. El objetivo de la economía no deben ser los billetes de tren, sino asegurarse de que nadie se queda en tierra habiendo vagones vacíos, simplemente por escasez de billetes.

  3. Manu dijo:

    Ah, y sobre la Rebelión de Atlas… me ha recordado algo que también está relacionado. ¿Recuerdas el famoso discurso de Francisco D’Anconia sobre el dinero? pues me temo que mucha gente pasa por alto que el dinero al que se refiere Francisco es el que sigue el patrón oro, o lo que él llama dinero de verdad. Ese dinero del que habla Francisco no tiene nada que ver con el dinero que usamos hoy en día, que es el fiduciario, y cuyo único valor es que está respaldado por un Estado.

  4. Plutarco dijo:

    Totalmente de acuerdo con tus matizaciones sobre Atlas Shrugged (La rebelión de Atlas). Los discursos de Francisco D’Anconia deberían incluirse en la futura EpC. Me tranquiliza saber que en esa sociedad utópica que describes el libre mercado no se ha cercenado mediante matanzas sangrientas a lo soviet, práctica habitual en la época en la que se escribió el libro e imitada posteriormente en sucesivas revoluciones populares fracasadas a lo largo del siglo XX. Lo dicho, localizaré y leeré el libro que propones, aunque me inquieta el control de las emociones de la sociedad descrita. Me recuerda los famosos centros de re educación de sociedades colectivistas autoritarias, como la camboyana de Pol Pot. Leeré, no obstante el libre con mentalidad abierta. Te dejo con estas palabras de John Galt, que sin duda recuerdas:

    “Nos declaramos en huelga contra la auto inmolación, contra la doctrina de las recompensas no merecidas y de los deberes no recompensados, contra el dogma de que la búsqueda de la felicidad es pecado, contra la doctrina de que la vida es culpa.”

  5. Plutarco dijo:

    Otro libro que me ha venido a la mente, que quizás conozcas, es Walden Dos, del psicólogo conductista radical BF Skinner. Su posición era que controlando adecuadamente las contingencias ambientales se podía desarrollar una sociedad perfecta. Cuando leí el libro en mi adolescencia me pareció que describía una sociedad idílica. Leído veinte años después, me pareció que describía la dictadura perfecta. Noam Chomski, con quién disiento en casi todo, llega a la misma conclusión.

  6. Manu dijo:

    Sólo una aclaración más (y te agradezco que me hagas estos comentarios porque así puedo arreglar lo que no supe explicar bien). En realidad no se trata de controlar los sentimientos de la gente, sino de impedir que estos sentimientos impulsen a dañar a otras personas.

    La idea principal del código de costumbres es que una persona puede hacer lo que quiera siempre que no cause daño a otra persona. El problema de Perry es que sus celos le estaban causando un daño a Diana por impedirle poder trabajar con un bailarín con el que había estado relacionada en el pasado; y también le causaban un daño obvio a esta otra persona por haberle agredido físicamente. Los celos de Perry no habrían sido ningún problema si no hubieran supuesto un daño para Diana y su amigo. Perry habría sido completamente libre de buscar una pareja con sus mismas ideas de compromiso y nadie hubiera puesto ninguna objeción.

    Además, una vez condenado por la agresión, se le dieron dos opciones: el exilio en un lugar llamado Coventry, o una estancia en un centro donde se le ayudaría a liberarse de los restos de su educación. De nuevo, Perry es libre para elegir.

    Por cierto, la edición que tengo de este libro es una de bolsillo en inglés que me compré en un viaje. No sé si habrá edición en español, pero supongo que te podrás comprar la misma que tengo yo en amazon, ebay o algún sitio así.

    Y gracias por tus sugerencias. No he leído Walden Dos, pero me suena porque siempre se menciona junto a Un mundo feliz, de Huxley.

  7. Plutarco dijo:

    Bueno, Manu, la mejor manera de emitir una opinión informada sobre el libro que comentas será leerlo, ya lo he pedido a Amazon. En cualquier caso, siempre que abordo descripciones utópicas de la realidad, me vienen a la mente las palabras de Savater, que creo que en realidad son de Voltaire: las utopías de unos pocos tienden a convertirse en las pesadillas de millones.

  8. barbaravb dijo:

    Hay una idea ahí que me molesta, y es eso de que le vayan a “curar” los celos al protagonista. Nadie debería tener derecho a decir a los demás lo que deben sentir. Me parece normal que le prohíban agredir a los demás, que es algo que ya estaba contemplado en las leyes de 1938. Ahora bien, los sentimientos de cada uno son algo a mi parecer intocable e inviolable, y tan grave es que Perry quiera imponer los suyos sobre su compañera, como que la sociedad quiera imponer su versión “pura” sobre Perry.

    En cierto modo, me recuerda a la concepción cristiana del pecado, en la que no sólo están mal las acciones, sino los pensamientos. Ahora que lo pienso, creo que esto que cuentas refleja la diferencia entre la legalidad y el pecado: la ley te dice las cosas que no puedes hacer, mientras que el pecado te dice hasta las cosas que no puedes pensar. Me quedo con la ley.

    Por otra parte, leí lo de las carreteras rodantes en Historias del futuro, y me parecieron de lo más molonas.

  9. Plutarco dijo:

    barbaravb, la ley establecida en ciertas sociedades utópicas del siglo XX, como la sovietica, la china maoísta o la Camboya de Pol Pot también especificaba lo que se debía pensar y establecía métodos de “reeducación”, eso sí, menos benévolos que los de la novela de nuestro amigo Manu. Por eso, el mejor gobierno, es aquel que menos interviene en la conciencia de los ciudadanos. Sustituir a la Santa Inquisición por el Pensamiento Único no elimina abusos. Y es curioso, esa analogía que estableces entre religión y dogmatismo utópico es evidente en muchos personajes de la Historia: Stalin era un seminarista en su juventud, Castro, un devoto católico jesuíta, Mao, ávido lector de maestros budistas, nuestro Patxi (Franco), un devoto católico…

  10. barbaravb dijo:

    Plutarco, tienes razón, pero me refería a las leyes de los EEUU, bajo las cuales vivía Heinlein. No soy una experta, pero apuesto a que ya en 1938 prohibían que uno le diese una paliza a otro tipo, ya fuese por celos o por simple capricho. En ese sentido, la sociedad utópica que plantea Heinlein no me parece que ofrezca ningún avance. Y cuando se meten a hacer lavados de cerebro para que la gente no sólo piense sino que hasta sienta lo que otros le manden, me parece pavoroso.
    Pero bueno, Manu ya sabe que H. no es santo de mi devoción…

    Me llama la atención lo que dices sobre las creencias religiosas de todos esos dictadores (te olvidas de Pinochet, que se llevaba fenomenal con los obispos chilenos), porque últimamente he leído que están usando como argumento contra el ateísmo que Hitler era ateo. No sé de dónde sacan esa idea, la verdad, que yo sepa no hay nada en la ideología nazi que vaya en contra de la existencia de Dios. Supongo que es un intento desesperado de equilibrar la balanza.

  11. Manu dijo:

    Tengo que insistir en que el delito por el que se condena a Perry no es sentir celos; lo que ocurre es que esos celos causan un daño a Diana y, sobre todo, al amigo de Diana. Perry puede sentir, pensar y hacer lo que quiera, pero está obligado a respetar a Diana y a su amigo. No se trata de un delito de pensamiento sino de un delito de agresión.

  12. Plutarco dijo:

    barbaravb, Heinlein no vivía bajo ninguna ley estadounidense, es una novela utópica. En cualquier caso, leyes que prohiban “dar palizas a otro tipo” me parecen tremendamente adecuadas. Efectivamente, no he mencionado a Hitler, que si bien era ateo, su mesianismo ideológico recuerda mucho al de la Santa Inquisición, igual que el empeño que ponían y ponen los dictadores mencionados, incluyendo a Pinochet, sin duda. Muchos opositores religiosos de Hitler terminaron en campos de concentración. Otro ejemplo de mesianismo cuasi religioso ha sido el empeño de Bush de intentar cambiar una realidad que no se ajusta a sus prejuicios invadiendo Irak para implantar forzadamente la democracia. No es de extrañar que sus principales asesores neocon provengan del troskismo.

    En cuanto leo el libro que nos recomienda Manu, podré emitir opiniones más fundadas sobre su contenido.

  13. Manu dijo:

    He añadido una aclaración en la entrada.

    Plutarco, te advierto de que como novela deja algo que desear, pero como exposición de ideas políticas y económicas alternativas me ha parecido fantástico y me ha dado mucho en que pensar. Si lo que quieres es leer una buena novela del mismo autor yo te recomiendo lo mismo que a Barbara: La Luna es una cruel amante.

    Por cierto, es una responsabilidad esto de ir recomendando novelas por ahí… mira que si luego no os gustan :S

  14. Plutarco dijo:

    Bueno, ahí va una recomendación mía, El Pentateuco de Isaac. narra las visicitudes de un judió que empieza siendo cuidadano autrohungaro y termina de ciudadano soviético en el gulag. Aún así, recoge numerosas anecdotas llenas de humor. Para mi ha sido unos de los que más me ha gustado leídos recientemente.

  15. barbaravb dijo:

    No, por favor, Mano, sigue recomendando lo que se te ocurra. Si quieres sentirte responsable de algo, que sea de las que nos gusten 😉

    ¿Te gustan otros géneros aparte de la c-f? A mí me gusta casi todo, pero soy una auténtica fanática de la novela inglesa: Dickens, Wilkie Collins, las Brönte, Jane Austen…

  16. Manu dijo:

    Me has dado pie a otra entrada. Espero haber contestado a tu pregunta en ella 🙂

  17. barbaravb dijo:

    He acabado La luna es una cruel amante. No es por chinchar, pero lo que más me ha gustado ha sido el título.

  18. Manu dijo:

    El título es genial. ¿Eso quiere decir que la novela te ha parecido simplemente excelente? 😛

    Es matemático. Cuanto más insistes a alguien en que lea algo, menos le gusta…

  19. barbaravb dijo:

    Qué le vamos a hacer… Sigo pensando que Heinlein era un ser humano detestable, aunque algunas de sus ideas, como las carreteras rodantes, son bastante molonas. Pero no me hubiera gustado ser hija suya, y que me tratase como si fuera retrasada mental.

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