La saga de los Heechee

Descubrí esta saga con una pequeña novelita llamada Pórtico. Los premios Hugo y Nébula la avalaban y eso suele ser una buena garantía de calidad, así que me animé.

A ésta le siguieron otras… ¡cuatro!

  • Tras el incierto horizonte
  • El encuentro
  • Los anales de los Heechee
  • Los exploradores de Pórtico

Y, según la wikipedia, aún queda otra que no ha sido editada en España: The Boy Who Would Live Forever: A Novel of Gateway

Bueno, pues es cierto que no era mala. De hecho, me pareció muy buena. Con las siguientes el resultado fue más variado, pero la primera es de lo mejorcito que he leido sin duda.

En cuanto a las otras… digamos que la segunda casi no soy capaz de terminarla; la tercera y la cuarta me parecieron algo mejores, con lo que Pohl consiguió recuperar lo que casi estropea en la segunda; y la quinta es una colección de relatos con ilustraciones que tienen lugar en el mismo universo que las otras, en los que participan algunos personajes comunes aunque en una época distinta. Me pareció entretenida.

Ahora, hablaré un poco más sobre la historia. Puede que haya spoilers, así que si tenéis pensado leer las novelas, mejor no sigáis.

1. Pórtico

Uno de los primeros pasos de la humanidad en su exploración de otros planetas fue llegar hasta Venus. Allí descubrieron que no eran los primeros en visitarlo ya que se toparon con restos de una raza alienígena que había estado allí cientos de miles de años atrás, a los que llamaron los Heechee. No quedaba más rastro de los Heechee que ciertos utensilios y restos de una tecnología tan avanzada que hacía su funcionamiento casi incomprensible para los humanos, además de una extensa red de túneles en todo el planeta.

El asteroide Pórtico fue descubierto por casualidad, precisamente por uno de los exploradores de Venus. Cuando éste pensaba que le había tocado la lotería al encontrar la última nave Heechee abandonada en Venus, por la cual podría conseguir una enorme recompensa, lo que consiguió en realidad fue su desgracia. Al probar a tocar los controles de la nave, ésta lo que hizo fue simplemente llevarle a uno de sus destinos pre-programados: Pórtico. El explorador se encontró en un pequeño asteroide, completamente perforado por túneles Heechee y lleno de naves abandonadas, pero sin posibilidad de regresar. Entendió que los Heechee debían utilizar Pórtico como un espacio-puerto y, antes de morir por falta de provisiones, consiguió señalizar  su localización.

Pórtico se convirtió desde entonces en la tierra prometida a donde acudían cientos de temerarios exploradores dispuestos a ganar fortuna, espoleados por la falta de recursos en la tierra. El viaje hasta allí se realizaba con la tosca tecnología terrestre, pero una vez allí, se podían utilizar las naves Heechee para viajar. Sólo había un problema: nadie sabía cómo elegir el destino de una nave Heechee.

Los exploradores se limitaban a subirse en las naves y cruzaban los dedos para poder volver sin  que se terminasen las provisiones o el oxígeno. Con un poco de suerte, el destino al que la nave los llevaría no sería mortal, y con un poco más de suerte allí encontrarían algún conocimiento o pieza de tecnología Heeche que les permitiría cobrar una recompensa.

Muy pocos lo conseguían. La mayoría de las expediciones no regresaban con vida o no hacían ningún descubrimiento reseñable, pero era la única esperanza que aquellas personas tenían para salir de la pobreza, entre ellas, el protagonista de la saga: Robinette Broadhead.

Ya desde el principio sabemos que Robinette, o Robin, como prefiere que le llamen, es de los pocos que lo ha conseguido. Sin embargo eso le ha causado una enorme culpa, que ahora intenta curar asistiendo a la consulta de un psicólogo virtual, un programa de ordenador que se presenta ante él con un holograma de Sigmund Freud. A lo largo de todo el libro Robin le cuenta a este Freud virtual su historia: la dura vida en Pórtico, la impotencia por no poder controlar las naves Heeche, la incertidumbre cada vez que se embarcaba en un viaje que bien podía suponer su muerte, cómo conoció allí a una mujer con la que pudo compartir estas experiencias y cómo perdió a esa mujer en su última expedición, en la que toda la tripulación quedó atrapada en un agujero negro mientras que él sí pudo escapar.

Esa es la culpa que atormenta a Robin. No sabe si su amada está muerta o si simplemente está atrapada eternamente en el borde del horizonte de sucesos, la frontera del agujero negro, donde el tiempo transcurre infinitamente lento. Se la imagina en una eterna agonía, quizás creyendo que él la traicionó.

2. Tras el incierto horizonte

Después de la genial primera parte esperaba que la segunda mantuviese un poco el nivel. También esperaba que por fin Pohl desvelase algo más sobre los misteriosos Heechee y el motivo de su desaparición, pero nada. Lo que me encontré fue una historia que me resultó compleja y que no me encajaba nada con la primera parte.

En esta tenemos a Robin, que ya parece haber superado su culpa (más o menos) y ha iniciado una nueva relación con una mujer que se dedica a desarrollar programas virtuales, como el Freud de la primera parte. También ha decidido emplear su dinero para financiar, entre otras cosas, una expedición a un objeto Heeche en la órbita de Plutón.

Ese objeto es una factoría de alimentos. Funciona captando el carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno de las regiones más lejanas dentro del sistema solar para generar alimentos y podría ser la solución para el hambre en la Tierra. En esta factoría Heeche vive Wan, un muchacho que nació allí, ya que su madre llegó cuando estaba embarazada en una de las expediciones de Pórtico y no pudo regresar. Wan convive en la factoría con unas inteligencias informáticas un poco toscas, que luego resultan ser exploradores cuyas conciencias fueron digitalizadas, y unas extrañas criaturas peludas vigiladas por un robot anciano.

Para añadir más lio a la historia, a Wan de vez en cuando le da por meterse en un artilugio Heechee cuyo efecto consiste en amplificar sus sueños y transmitirlos a todos los humanos en la Tierra, causando el caos cada vez que lo hace.

¿Qué narices es todo esto?

3. El encuentro

Quizás consciente de la complejidad de la historia del segundo libro, Pohl dedica algunas páginas del tercero para explicarlo. Robin y su ayudante Albert (un programa que se presenta como Albert Einstein, al estilo del psicoanalista de la primera parte) nos explican las claves de la historia dirigiéndose directamente al lector: en la factoría de alimentos convivían Wan, varios exploradores cuyas conciencias habían sido digitalizadas gracias a la tecnología Heechee (aunque de forma incompleta) y un grupo de australopitecos (descendientes de los ejemplares que recogieron los Heechee cuando exploraron la tierra en busca de vida inteligente) al cuidado de un robot, en una especie de zoológico Heechee abandonado. El artefacto transmisor de sueños resulta ser una especie de amplificador de consciencia, que los Heechee utilizaban para detectar vida inteligente.

En mi opinión, el tema de los australopitecos es una cagada de Pohl, pero los otros elementos tienen cierto sentido tal y como se desarrolla la historia. La clave de todo es: ¿dónde se han metido los Heechee? En este libro conocemos por fin dónde están y por qué se han escondido allí.

Descubrimos que los Heechee se han retirado a un curioso escondite: el interior de agujeros negros. Y lo han hecho porque en su búsqueda de vida inteligente por toda la galaxia encontraron una raza que les dio mucho miedo, tan poderosa que tenía poder incluso para acabar con todo el universo.

4. Los anales de los Heechee

Los humanos y los Heeche se conocen por fin en el tercer libro, pero es en este donde se empieza a desarrollar su relación. Esto coincide además con la muerte de Robin, o al menos la muerte de su cuerpo, ya que para entonces los humanos (igual que los Heeche) dominan la técnica del volcado de la consciencia de una persona a una computadora. Robin, igual que muchos otros humanos, se convierte en algo muy parecido a su amigo Albert Einstein, el cual le sirve de guia en su nueva vida.  Sigue siendo el mismo de siempre, pero vive en un entorno virtual en el que sus capacidades no están limitadas por su cuerpo como lo estaban antes. En realidad él percibe pocas diferencias con su antiguo estado, como eh hecho de que ahora tratar con humanos de carne y hueso resulta complicado debido a la lentitud con la que funcionan.  Además, gracias al dominio de los Heechee de la técnica para entrar en agujeros negros, la antigua novia de Robin es rescatada y eso también le causa también algún problema, ya que su complejo de culpa sigue latente.

Los Heechee y los humanos se alian contra los misteriosos enemigos y deciden vigilarles. Lo que no saben es que los enemigos son seres muy difíciles de detectar, ya que no son materiales. De hecho escapan a su vigilancia y llegan hasta la misma Tierra, pero al final, aunque los enemigos tienen el poder de destruirlos, deciden perdonarles la vida. Los enemigos han visto que tanto humanos como Heechees se están convirtiendo también poco a poco en seres que no son materiales, igual que ellos, como Robin, por ejemplo, con lo cual no resultan ninguna amenaza para ellos. El plan de los enemigos, que tanto miedo daba a los Heechee, era destruir el universo y crear uno nuevo en el que la materia no existiese, pero eso no es problema para la existencia de la vida, sino tan sólo para la existencia de vida “material”.

5. Los exploradores de Pórtico

La historia termina en el cuarto libro. En este lo que tenemos es una serie de relatos cortos que ocurren en el mismo universo aunque en otras épocas, acompañados de ilustraciones. El más importante es uno en particular que ocurre en Venus, antes de que se descubriese el asteroide Pórtico, en el que un personaje amigo de Robin se dedica a buscar artefactos en los túneles Heechee que le puedan suponer alguna recompensa.

En fin, la verdad es que intentar resumir el argumento de una historia de ciencia ficción bastante hard, como la de estos libros, resulta complicado. La idea es que Pohl, aprovechando el tirón de una primera historia genial, se dedica en las siguientes a explorar qué se puede entender por vida. Una de las ventajas de los autores de ciencia ficción o fantasía es poder hacer este tipo de cosas 🙂

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2 respuestas a La saga de los Heechee

  1. carlos dijo:

    muy bueno felicitaciones. tengo que leerlo me pareció muy interesante.

  2. Maik Angelo dijo:

    EL PRIMER LIBRO ME COSTO UNA BUENA DESVELADA, SIMPLEMENTE ME ATRAPO Y NO LO DEJE DE LEER HASTA QUE TERMINE, ESTOY DE ACUERDO CON TU OPINION RESPECTO AL SEGUNDO, LA VERDAD QUE NO LO PUDE TERMINAR DE LEER Y CIERTAMENTE ME DI CUENTA QUE NO ES NECESARIO PARA LEER EL TERCERO.

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