A festa da democracia

Hace unas semanas me avisaron de que me había tocado ser primer vocal en mi mesa electoral. No sé si el llevar ya más de cuatro años viviendo en Madrid (aunque obviamente aún no estoy empadronado) podría haber sido una excusa para no tener que haberme presentado. Probablemente me habrían mandado a la porra así que ni lo intenté. La verdad es que este viaje me ha venido fatal, pero también es cierto que en cuanto me lo dijeron tuve curiosidad por saber cómo funcionaba esto por dentro.

Por lo menos tuve la suerte de ser titular y así no tuve que hacer el viaje sólo para presentarme allí por si acaso. Pude encontrar un billete de avión baratito y allá me fui.

Para empezar, me tome algún tiempo el sábado para leer el manual para los miembros de la mesa, un librito donde se explican los detalles del procedimiento y la burocracia.  Resultó ser bastante lioso, sobre todo por los casos especiales y excepciones relacionadas con los interventores, esa especie de representantes de los partidos que están en la mesa tomando nota de que no pase nada raro.

Bueno, pues el domingo a las 8:00h allí me presenté, justo cuando ya me estaban llamando y para alivio del suplente. Resultó ser un local distinto al que siempre había ido a votar, aunque en el mismo edificio. Siempre había ido a votar en un aula en la que yo mismo tuve clase una vez, en primero o segundo de EGB, no lo recuerdo bien. Esta vez fue en la antigua biblioteca de la escuela de Magisterio, reconvertida en centro de educación de mayores, donde en su momento también pasé alguna mañana estudiando.

Primer paso, comprobar que está todo el material que hace falta y colocar las mesas, la urna y las papeletas. Segundo paso, formalizar la constitución de la mesa: el presidente, los vocales y los interventores. En nuestro caso la presidenta era una chica de mi edad y la otra vocal era una chica algo más joven, y que resultó que estaba ese mismo día de cumpleaños. Vaya regalito. Por lo menos se consolaba con los 62.42 € que nos iban a pagar a los vocales y que decía que le servirían para financiarse parte de una cámara de fotos.

Como interventores estaban una mujer y su hija (que además era la primera vez que votaba) por el PP, una chica del BNG y un hombre y una mujer, ya un poco mayor, del PSOE. En el mismo local estaba además la otra mesa (para los votantes de la A a la K) con otros tantos miembros.

A las 9 en punto llegó el primer votante. Un señor mayor, con bastón y boina, que entró con una sonrisa.

El procedimiento se repitió hasta 480 veces durante todo el día: primero el votante se identificaba ante la presidenta, luego la presidenta decía el nombre en alto y los vocales lo buscabamos en el censo y anotabamos el nombre, orden de votación y orden en el censo en una lista de votantes. La otra vocal y yo nos cambiamos los papeles de buscador y anotador a la mitad de la jornada.

Problemas… pues que los interventores ayudaban buscando al votante en sus propias copias del censo y diciendo el número en alto, con lo cual a veces se oian hasta tres números, tanto en gallego como en castellano e incluso distintos, cuando alguien se confundía. También ocurria a veces que había que tachar el nombre de la lista cuando descubríamos que el votante no estaba en el censo de esa mesa, o que le correspondía la mesa de la A a la K.

En los ratos muertos, los interventores, que resultaron ser gente maja y llevarse bien entre ellos, se animaban un poco y se llegaron a montar tertulias interesantes. En una de ellas, el señor del PSOE y yo nos dedicamos a contar anécdotas del colegio en el que ambos estudiamos, en el mismo edificio en el que estabamos, aunque con décadas de diferencia. A él le hacían ponerse en fila con todos sus compañeros, rezar y cantar el cara al sol. En cambio a mi, me hacían ponerme en fila con todos mis compañeros, rezar y cantar el… himno gallego y el español.

Lo prometo. No recuerdo bien hasta qué curso, creo que fue tercero o cuarto, pero lo hacíamos todos los lunes y viernes. Todos los cursos en fila, ordenados en el enorme pasillo del primer piso, rezabamos y luego un niño voluntario izaba las banderas mientras un profesor ponía el tocadiscos con los himnos.

Todo esto a mediados de los 80… ¡Y no era un colegio religioso!

El señor del PSOE dijo que Rajoy también había estudiado allí una temporada y una vez un profesor le pegó por su culpa. Los profesores eran duchos en el manejo de las reglas. En mi época ya no las usaban, pero no eran raros los agarrones del pelo de las patillas, o los coscorrones con el nudillo del dedo corazón. Después de los primeros cursos, supongo que en cuanto se fueron jubilando los profesores de la vieja escuela, esas cosas dejaron de pasar y, en sexto de EGB incluso se unificaron el colegio masculino y femenino, quedando como único recuerdo de esa época la marca del enorme tabique que separaba las dos mitades del edificio.

La chica del BNG nos miraba horrorizada mientras lo contábamos. No me extraña. No guardo muy buen recuerdo de mi época del colegio, por esas cosas y por otras que tampoco vienen a cuento.

Más anécdotas. A media mañana se presentaron allí dos grupitos. Primero uno con Ana Pastor y luego otro con un tipo que yo no reconocí, pero que resultó ser Telmo Martín. Choque de manos y a seguir. Por cierto, a Ana Pastor la vi la noche anterior en el Lizarrán 😛

En la comida nos fuimos turnando para que siempre estuviesen dos personas al menos en la mesa, interventores aparte. Ellos se turnaban entre sí y con los de la otra mesa. A las dos hubo un bajón enorme y aproveché para echar un vistazo a los libros que había en el local.

Después de la sobremesa empezó a acudir la gente otra vez, y a eso de las cinco aparecieron unos chicos de la TVG con una cámara, pidiendo permiso para entrar desde allí en directo. Luego se fueron a grabar imágenes de la ría.

Glups.

A partir de las 18h hubo un arreón muy fuerte de gente. La participación fue alta y eso supuso poner a prueba mi velocidad de escritura y más trabajo para nosotros en el recuento.

Finalmente, volvieron los de la tele. Si visteis ayer la TVG, a eso de las 19:45,  yo era ese tipo de gafas, camisa azul a cuadros, con la cabeza pelada y pinta de estar un poco nervioso que asomaba detrás de la reportera. El que estaba a mi lado era el interventor del PSOE, que se movió allí por afán de notoriedad, pero que pese a todo tenía los cascos puestos con la radio y se estaba cagando en todo porque el Barcelona en ese momento todavía iba ganando. Más tarde, mientras contabamos los votos, se puso algo más contento 🙂

Después de dar por terminada la votación, los de la tele nos pidieron permiso para quedarse. Aunque pensabamos que no estaban haciendo nada, luego me enteré de que la cámara estaba conectada y durante un par de horas se nos pudo ver en un pequeño recuadro en la retransmisión de la TVG mientras contabamos los votos. ¿Me habrá reconocido alguien aparte de mis padres?

El recuento fue sorprendentemente bien, aunque nos llevó un par de horas. Se ve que no hicimos mal trabajo porque todos los votos encajaron a la primera. Hubo algunos votos nulos: uno que tenía dentro una papeleta en blanco, nombres marcados con una x, alguien que había arrancado el logo del partido, alguien que había puesto dos mitades de papeletas distintas, uno que tenía dos papeletas enteras distintas… (en ese momento nos acordamos de sobres extrañamente gordos, o de un chico que quería asegurarse antes de votar de si al hacer eso el voto sería nulo)

Y luego fue lo peor. Había que acabar de rellenar todos los impresos, repartir las copias a los interventores… la pobre presidenta se estaba volviendo loca porque todos querían algo de ella para poder irse de una vez: los interventores querían sus copias de las actas, una señora con una PDA quería los resultados para enviarlos al centro de datos, un chico de correos quería llevarse uno de los sobres con copias de las actas… un pequeño caos. Pero finalmente acabamos y pude acompañarla a dejar los sobres en los juzgados.

Un día intenso, creo que no ha sido una mala experiencia pero no se si me apetecería repetirlo, mucho menos si me tocase ser presidente.

Y a todo esto… en nuestra mesa también ganó el PP, y no pudimos evitar sonreír cuando vimos que alguien había votado al partido que en nuestra opinión tenía el logo más simpático, independientemente de sus opiniones políticas: PUM+J

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