Malditos bastardos
La visión de Quentin Tarantino sobre la segunda guerra mundial tiene claramente su sello: violencia, dialogos memorables y un montaje poco convencional. Por otra parte, se ha tomado bastante libertad contando la historia, pero eso no se lo voy a reprochar.
Lo que se me ha quedado grabado son tres o cuatro escenas y dos personajes: el coronel Hans Landa y el teniente Aldo Raine. Especialmente el primero.
Por ejemplo, en la primera escena, Landa, al que apodan cazajudíos, tiene una conversación con el dueño de una granja francesa en la que pueden estar ocultandose los miembros de una familia judía. El resultado es aterrador e hilarante a partes practicamente iguales, y sirve como introducción para unas cuantas escenas posteriores con el mismo protagonista.
Años después conocemos al teniente Aldo Raine, el líder de un grupo de militares judíos que atacan a los nazis al estilo apache, incluyendo los trofeos que se cobran en forma de cabelleras. Lo bueno comienza cuando Raine es informado de que los nazis planean estrenar una película de propaganda a la que asistirá la plana mayor, incluido el mismísimo Hitler. En otra escena memorable, el contacto enviado desde inglaterra para preparar el ataque se encuentra en una taberna con dos hombres de Raine, ayudados por una famosa actriz alemana, pero algo sale mal, así que Raine se ve obligado a improvisar.
Lo que Rain no sabe es que la dueña del cine es Shosanna, la niña que consiguió escapar de la granja francesa en la primera escena… y ella ha tenido la misma idea que Raine. Otra escena que pone los pelos de punta es la que nos muestra a Shosanna tomandose un strudel con Landa, en la que ambos hablan sobre la seguridad de la sala donde tendrá que lugar el estreno.
Y la parte del estreno de la película es de traca. Primero, Raine y sus hombres haciendose pasar por italianos de forma bastante graciosa. Luego, Shosanna enfrentandose al soldado francotirador alemán protagonista de la película, un joven que está enamorado de ella. Landa intentando salvar el cuello y ofrenciendo un asombroso trato a Raine… y un final que tengo que admitir que me pilló por sorpresa, por ser completamente distinto al que conocemos por la historia.
Al final, creo que el mayor problema de la película es que se centra excesivamente en ciertas escenas, con sus correspondientes diálogos, y la historia en general sufre por ello. Ahora bien, si esas escenas te enganchan… junto a un pedazo de personaje como Landa, todo junto hace que valga la pena ver la película.
After
Aparentemente una de tantas películas españolas, con los mismos tópicos y recursos que muchas otras (los dichosos desnudos gratuitos, por ejemplo) pero acabó siendo algo más.
Quizá sea cosa mía, pero lo cierto es que conseguí encontrar cierta conexión con los protagonistas, y eso hizo que me gustase haberla visto. Habla de tres amigos que viven una noche kamikaze de juerga y drogas. Dos hombres y una mujer inmersos en unas vidas vacías, llenas de desesperación, que por unas horas intentan olvidarse de todo y se tiran de cabeza al vacío. Que dejan sus vidas a un lado por un instante y se dejan llevar.
De las tres perspectivas que se muestran sobre la noche me pareció especialmente buena la del personaje de Willy Toledo. Él interpreta a un ejecutivo aparentemente exitoso, pero que en el fondo es un fracasado con una profunda frustración sexual, atrapado en un trabajo que no le gusta. Quizás me llamó la atención por la fragilidad que es capaz de expresar, o porque el personaje utilizase preguntas de Blade Runner en sus entrevistas, para elegir a los candidatos a ser despedidos. Su actuación puede resultar exagerada en ciertos momentos, no sé si por culpa suya, pero yo diría que sólo por esa historia vale la pena ver la película.
En general, la sensación de abandono y de me da igual lo que ocurra mañana está muy bien conseguida, y estoy seguro de que la banda sonora tiene mucho que ver, con momentos notables como los saltos a cámara lenta, o en el coche, cuando todos cantan Frente a frente, de Jeanette.
Los sustitutos
Lo mejor: un Bruce Willis que, cuando quiere, puede actuar muy bien. Lo peor: una idea que empieza ya a estar un poco trillada; la de personas que creen vivir una vida de verdad, pero en realidad no es así. En resumen, otro plato de sabrosa hamburguesa cinematográfica. Espero que no me esté subiendo el colesterol, que no lo tengo muy bien.
Bruce Willis es Tom, un agente del FBI que trabaja y vive su vida, igual que la gran mayoría de personas en el futuro próximo, a través de un robot delegado. La idea es que la gente se quede en su casa y vivan su vida con estos robots, a los que pueden manejar a distancia igual que a su propio cuerpo, y de los que reciben las mismas sensaciones que si estuviesen en persona.
Desarrollados inicialmente para personas minusválidas, fueron utilizados luego para profesiones peligrosas, y finalmente para casi todo; estos sustitutos permiten vivir una vida a distancia, cómodamente, a salvo de los peligros… y de las relaciones sociales verdaderas, pues presentan al público una imagen idealizada, físicamente perfecta.
Tom se encuentra en una de sus investigaciones con que existe un arma capaz no sólo de destruir a un sustituto, sino también matar a la persona que lo maneja a distancia. Después de salvarse por poco de uno de estos ataques, decide continuar la investigación por su cuenta y acaba llegando a una reserva habitada por personas que rechazan el uso de los sustitutos, por considerar que deshumaniza a la persona que lo usa. Tirando del hilo descubre que existe una conspiración para matar a todas las personas que usan sustitutos y, el pobre, se desespera, porque aunque él ya está convencido a estas alturas de que no habría que usarlos, su mujer es una adicta que utiliza a su sustituto incluso para hablar con su marido, y por lo tanto, corre grave peligro.
Al final, consigue descubrir al responsable de la conspiración, que, precisamente, es el propio inventor de los sustitutos, desencantado con el uso que la gente le está dando a su invento. Tom frena el asesinato de millones de ususarios, sin embargo, decide permitir la destrucción de los sustitutos para obligar a todo el mundo a enfrentarse otra vez a la realidad.
Y así es como, una vez más, Bruce Willis salva a la humanidad. ¡Yippee kay-yey!
Gamer
Fui a verla sin estar muy seguro de lo que me iba a encontrar, pero al final me pareció potable. Por cierto, antes de que nadie vaya a verla basandose en esta opinión aprovecho para recordar la comparación que me hizo una vez un compañero:
Tú como crítico de cine eres igual que Homer Simpson como crítico gastronómico.
Avisados quedáis…
Y ahora el argumento. Igual que Arnold Schwarzenegger en Perseguido, en esta película tenemos a un cachas participando en un juego emitido para una audiencia de millones de personas, en el que, si consigue sobrevivir, se ganará su libertad. Claro que, en este caso, el cachas no es el goberneitor, sino Gerald Butler, el Leonidas de 300. Además, el juego no es un concurso televisivo, sino informático, sobre el que el protagonista no tiene ningún control.
Gracias a una nueva tecnología algunos humanos son capaces de controlar completamente otros a través de la red, durante un tiempo y en una zona limitada. Existe la variante Second Life, en la que los participantes reciben un dinero por dejarse vestir (o desvestir), ir de paseo, de juerga o tener relaciones con otros participantes, sin que ellos tengan ningún control en absoluto sobre lo que hacen; y existe la variante Quake, en la que los participantes son presos condenados a muerte, que se presentan voluntarios a participara en batallas sangrientas a cambio de quedar libres si superan cierto número de partidas sin perder su vida.
En esta segunda variante, muy pocos llegan a superar la primera partida. Todo depende de que tengan un buen jugador que los maneje, y de que durante esas décimas de segundo que tardan en llegar las órdenes a traves de la red, el temido lag, el participante sepa aportar ese pequeño extra que le permita matar primero a sus enemigos. El jugador que maneja al protagonista en este caso es un adolescente que se pasa el día frente a un enorme ordenador que ocupa todas las paredes de su habitación (aunque ese parece ser el estándar en esa época) y se ha convertido en una estrella mundial gracias a su actuación en el juego.
Igual que en Perseguido, el protagonista está condenado injustamente y confía en el juego para ganarse su libertad, pero a alguien no le interesa que esto ocurra y el juego está trucado para que no sea posible. Finalmente, gracias a la colaboración del jugador que lo maneja y a la ayuda de un grupo de hackers, consigue salirse de la zona donde sus acciones están controladas y, ya dueño de si mismo, va en busca de su mujer, que se gana la vida con el Second Life a las órdenes de un tipo bastante asqueroso.
El malo de la película es el creador de la tecnología de control remoto, responsable de la injusta condena del protagonista y, por si esto fuera poco, padre adoptivo de la hija del protagonista. Ya os imagináis las ganas que éste le tiene, pero la tecnología de control es tan poderosa que es necesaria de nuevo la ayuda de los hackers, y la pericia del jugador, para vencerle. Por cierto, el malo está interpretado por el actor de Dexter, que va camino de encasillarse en el papel de psicópata…
Up
A estas alturas ya tengo casi la certeza de que si voy a ver cualquier nueva película de Pixar me enc0ntraré algo excepcional, o quizás incluso una obra maestra. Una vez más lo han demostrado con Up, y creo que esta sería una buena ocasión para un posible óscar a la mejor película en la categoría general, no sólo en la de animación.
Aunque en realidad no estoy seguro de que esta sea la que más me haya gustado de todas las películas de Pixar hasta ahora, y no porque no le sobre calidad, sino más bien por una preferencia personal. La enorme carga de emotividad y la nostalgia que tiene la historia hicieron que me resultase un poco dura, sobre todo en la primera parte de la película, pero el humor y las aventuras lo suavizan un poco.
La peli cuenta la historia de Carl Fredrickssen, un anciano que, tras la muerte de su esposa, decide llevar a cabo la aventura que ambos habían planeado años atras, pero que nunca pudieron realizar. La primera parte, en la que Carl y Ellie, su esposa (curiosamente parecida a Pipi Calzaslargas, por cierto), se conocen gracias a su afición a las aventuras del famoso explorador Charles Muntz es especialmente intensa. De forma genial, con el estilo del cine mudo, se cuenta cómo ambos se enamoran y se casan, pero tanto sus sueños de aventuras como su deseo de tener hijos se ven frustrados.
Cuando Carl ve que va a perder su casa para siempre decide llevar por fin a cabo el mismo viaje que también había hecho su ídolo de la infancia, Muntz, a unas lejanas tierras en sudamérica. Para ello despliega cientos de globos y se va volando, en su propia casa, pero lo que no sabe Carl es que Rusell, un niño scout, viaja como polizón, y cuando lo descubre se ve obligado a dejar que le acompañe y a cuidar de él.
Al llegar a su destino encuentran a Muntz, que ha enloquecido buscando una extraña especie de ave. Carl y Russel se enfrentan a Muntz y a su ejercito de perros parlantes (que hablan gracias a un collar traductor) ayudados por un perro desertor, y consiguen evitar que Muntz mate a uno de los últimos ejemplares del pájaro. La parte final es también especialmente emotiva, ya que se muestra cómo gracias a estas aventuras Carl acaba descubriendo en Russell al hijo que nunca tuvo, y de esa forma consigue superar la pérdida de su mujer.
Sonnet 18
Qué pereza. Estoy teniendo un bloqueo tras las vacaciones y los borradores se me acumulan. Tendré que ir sacando pequeñas cosas para ponerme en marcha otra vez…
Esto puede valer. Lo tenía pendiente desde hace meses, pero no encontraba exactamente cómo describirlo sin que me quedase cursi.
Mejor no decir nada y simplemente disfrutarlo.
Shall I compare thee to a summer’s day?
Thou art more lovely and more temperate:
Rough winds do shake the darling buds of May,
And summer’s lease hath all too short a date:
Sometime too hot the eye of heaven shines,
And often is his gold complexion dimm’d;
And every fair from fair sometime declines,
By chance or nature’s changing course untrimm’d;
But thy eternal summer shall not fade
Nor lose possession of that fair thou owest;
Nor shall Death brag thou wander’st in his shade,
When in eternal lines to time thou growest:
So long as men can breathe or eyes can see,
So long lives this and this gives life to thee.
William Shakespeare
Enemigos públicos
Me esperaba algo más de esta película, aunque no está mal como entretenimiento. Ya desde el principio algo no me encajó, quizás por el extraño estilo de su fotografía, muy realista y con una iluminación que provocaba un efecto extraño, como si la película estuviese grabada en vídeo. Además, no se explica casi nada del personaje; simplemente asistimos a sus golpes y tiroteos, pero sin saber muy bien por qué lo hace, aunque se dan pistas de que debe ser por alguna razón muy profunda, más allá que el mero afán de enriquecerse, como en la escena del cine del final.
La película es un resumen de la vida de John Dillinger, el famoso ladrón de bancos que actuó en la época de la gran depresión. Desde su fuga de la cárcel hasta que es abatido por los federales vamos asistiendo a sus golpes, fugas, el encuentro con su amada, la pérdida de sus compañeros… mientras el agente Purvis (Christian Bale) le persigue bajo la presión del director del FBI, molesto por la el desprestigio que supone la impunidad de Dillinger para la agencia.
El hombre en el castillo
Uno de los libros que he leído estas vacaciones es otro de esos ejercicios sobre el significado de la realidad que tanto le gustaba escribir a Phillip K. Dick. Lo especial de esta historia en concreto (ganadora del premio Hugo, uno de los más prestigiosos de la ciencia ficción) es que no habla de avances tecnológicos o viajes espaciales, ni ocurre en ninguna época del futuro. Ocurre en nuestra época, en los años 60, para ser más exactos, pero en una realidad alternativa; en un mundo paralelo en el que los aliados fueron derrotados por el Eje en la segunda guerra mundial, y eso permitió que Alemania y Japón se convirtiesen en potencias hegemónicas y se repartiesen el dominio del mundo.
Como ya me ha pasado alguna vez con otras novelas de este autor, me quedé un poco desconcertado al terminarla. Tuvieron que pasar unos días para que lo que había leído se fuese asentando y para darme cuenta de algunos detalles que se me habían escapado. La sensación que me queda ahora es muy buena, después de haber ido deshaciendo -¿cerrando?- poco a poco el bucle y darme cuenta de que, en realidad, esta novela habla de sí misma.
Bien, pues estamos en los años 60, en una realidad paralela en la que los EEUU han perdido la segunda guerra mundial, y ahora el país se divide entre el dominio de los japoneses en la costa del pacífico y de los alemanes en la costa este, separados por algunos estados todavía independientes, en el interior.
En estos EEUU, unos cuantos personajes cruzan sus vidas de forma casual, y cada uno nos da una nueva pista sobre el significado de la historia. En San Francisco, por ejemplo, el Sr. Childan tiene una tienda de antigüedades (muy codiciadas por los japoneses), y de repente descubre que algunos de los objetos que compra son falsificaciones. Frank Fink es un judío (aunque, como es lógico, lo oculta) que abandona su trabajo en una fábrica de estas falsificaciones para montar un negocio de artesanías originales, y le vende algunas piezas nuevas a Childan. El Sr. Nagomi compra una de estas piezas y en un momento de meditación, inspirado por ella, se ve transportado durante unos minutos a un San Francisco muy distinto… Por otra parte, el mismo Sr. Nagomi organiza el encuentro de Baynes, un espía de la Abwehr, y Yatabe, un enviado secreto del gobierno japonés, para que el primero comunique el peligro de que Alemania utilice la bomba atómica para exterminar a los japoneses.
Mientras tanto, la ex-mujer de Frank Fink, Juliana, que vive en uno de los estados independientes, conoce a un conductor italiano llamado Joe, que en realidad es un agente alemán cuya misión es asesinar a Hawthorne Abendsen, el autor de una popular novela titulada La langosta se ha posado. Los rumores dicen que Abendsen es un hombre que vive en una fortaleza, un castillo rodeado de trampas para protegerse, pues su novela molesta especialmente a las autoridades alemanas y teme que puedan asesinarle.
La novela de Abendsen es precisamente una de las cosas que todos los personajes tienen en común. Todos ellos la han leído o han oído hablar de ella, y su particularidad es que se trata de una historia que ocurre en una realidad paralela a la que conocen los personajes; una en la que los EEUU salieron victoriosos de la segunda guerra mundial…
Resulta interesante esta simetría ¿no?
El otro factor que comparten los personajes es la costumbre de utilizar el I Ching, el libro oráculo importado por los japoneses desde China. Lo utilizan para pedir consejo, o encontrar respuestas para asuntos que les preocupan.
El clímax de la historia ocurre precisamente cuando Juliana se encuentra con Abendsen y éste le confiesa que utilizó el I Ching para tomar todas las decisiones sobre su novela: el argumento, personajes, etc. De hecho, se podría decir que es el oráculo, y no Abendsen, quien la escribió. Justo en ese momento ambos preguntan al oráculo cuál es la razón por la que escribió La langosta se ha posado, y éste contesta que lo hizo… porque esa era la verdad. El I Ching les revela que la realidad no es la que ellos conocen, sino la que se cuenta en el libro.
Y en ese momento es cuando el lector se pregunta… ¿Qué diferencia hay entre Dick y Abendsen? ¿y entre El hombre en el castillo y La langosta se ha posado? ¿cuál es la verdad? ¿la que yo conozco… o la que se cuenta en El hombre en el castillo? ¿utilizó Dick el I Ching para escribir su novela?
Naturaleza
Durante estas vacaciones, y de nuevo cuando repasaba las fotos, me acordé de un fragmento del diario de Anna Frank que conozco porque fue utilizado por Mike Oldfield en una de sus canciones.

Libélula azul, a orillas del río Armenteira, en la ruta da pedra e da auga
El cual dice:
… and the best remedy for those who are afraid, lonely or unhappy is to go outside, somewhere where they can be quiet, alone with the heavens, nature and God. Because only then does one feel that all is as it should be.
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